Viuda de hierro by Xiran Jay ZhaoMy rating: 4 of 5 stars
View all my reviews
Esto es el Caos.
Wicked: The Life and Times of the Wicked Witch of the West by Gregory MaguireNadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.
El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.
Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.
A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.
Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.
Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.
En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.
El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido… En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.
Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.
Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.
El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.
CUENTO PUBLICADO EN DICIEMBRE DE 1940.
Estoy pensando en que la tecnología ha avanzado un montón, y a gracias de eso se ha logrado un buen nivel de inclusión, pero todavía queda mcuho para asegurar que todos puedan disfrutar de sus beneficios por igual. Para las personas con discapacidad visual, la web todavía tiene sus complicaciones. Los lectores de pantalla son una gran herramienta invaluable para este secotr, ya que convierten el texto en voz, permitiendo que quienes no pueden acceder el contenido visual lo logren de manera auditiva.
Una de las formas más efectivas de hacer que internet sea más accesible es mediante el uso del atributo ALT en las imágenes. Con una descripción ALT bien pensada, los lectores de pantalla pueden transmitir la esencia y la información crucial de esas imágenes, brindando a las personas con discapacidad visual una experiencia más completa.
Pienso en que hay que tener presente que, aunque no podamos eliminar todas las barreras, podemos trabajar juntes para reducirlas y hacer de internet un lugar donde todes podamos sentirnos bienvenides.
Fuente: https://www.seobility.net/es/wiki/Atributo_ALT
Bueno, en un post anterior decía que para conocerme vieran mi perfil de IMDB, recién me hice el perfil de Letterboxd. Parece que es lo que va.
Así que si les interesa ver qué pelis o series me gustan, vayan por ahí.
https://letterboxd.com/Hsulionel/
¿Que materias debe aprobar un gobierno neofascista? Cuando alguien critica al neoliberalismo, yo lo considero neofascista. Es interesante replicar, entonces...
Veamos: el término "fascista" proviene del italiano "fascio", aludiendo al haz de flechas que significa el poder o fortaleza del conjunto de los iguales (el atado de flechas o varas) sobre la debilidad del individuo aislado (la flecha frágil). Era uno de los símbolos de la República Romana, por lo cual Mussolini, en su "revival" del Imperio, lo adoptó. Este término, así de razonable, luego tomó el camino indeseado y es una palabra detestable. En realidad, es el "fascio" el símbolo de la "República" virtual, tal como debería ser en ideal. Implicaba también la igualdad de los ciudadanos y el sometimiento a un derecho común. En rigor, toda sociedad u organización de individuos es, en principio, "fascista", porque implica la fortaleza de la unión sobre los esfuerzos dispersos de los individuos. Desde un convento de monjas de clausura hasta una banda de skinheads berlineses.
Para no abundar en detalles, cualquiera puede ir a la Plaza Italia en Buenos Aires y observar que, rodeando el monumento a Garibaldi, refundador de la Italia unida en 1870, hay numerosos "fascios" en ornamento: el monumento es muy anterior al surgimiento del "fascismo".
La ya fallecida periodista Oriana Fallacci, en un justificado exabrupto (creo que terminaba de entrevistar a Galtieri), acusó: "Todos los argentinos tienen un enano fascista en su interior". Es posible que tenga razón, pero yo sería más generoso: lo haría extensivo a toda la especie humana.
Los mejores análisis sobre lo que significa el "fascismo", en mi opinión, lo cumplen ensayistas políticos y filósofos italianos como Giovanni Sartori y Benedetto Croce. Para una comprensión más amplia, puede leer sin mayor dificultad a Cesare Pavese, Umberto Eco, Italo Svevo (aunque es un poco anterior), Alberto Moravia (especialmente El Conformista, con la alternativa de ver el film en video). También es recomendable la lectura de las novelas de Italo Calvino, aunque aparentemente fantasiosas, tienen una entretela interesante y, para concluir, son decididamente imprescindibles: El Príncipe de Niccolò Maquiavelo y El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
Para leer algo a favor del fascismo: Giovanni Gentile y el poeta Gabriele D'Annunzio, aunque este sería pre-fascista, sin conciencia cierta de lo que podía engendrar. Habría algún paralelismo interesante de D'Annunzio con Leopoldo Lugones.
Las materias que debe cumplir un régimen decididamente "fascista" se me ocurren las siguientes: a) Régimen de partido único, b) desaparición legal de TODA forma de la oposición real (algunos mantienen oposiciones formales, payasescas), c) control de todos los medios represivos (policiales y para-policiales), d) control sobre todo el sistema judicial, e) dominio absoluto de los medios de comunicación masiva, f) unificación de la educación bajo un régimen excluyente y adoctrinante, g) imposición de un sistema de propaganda sistemática, h) eliminación de los elementales derechos individuales, bajo una legislación ad-hoc o sin ella, a pura violencia. Y pueden seguir las materias... en economía, propiedad privada, etc.
Creo que no existe régimen político en este mundo del planeta Tierra que no guarde alguna característica de "fascista", porque desconozco cómo se manejan las repúblicas de los Ángeles en los ámbitos celestiales o infernales, aunque sospecho que no son angelocráticas: la autoridad del Supremo o de Lucifer deben ser bastante excluyentes de cualquier disidencia. Es así, desde las monarquías escandinavas hasta la monarquía norcoreana (república popular y democrática, esta última). Pero no sería posible si no existiese el germen fascista en todos y cada uno de nosotros, en cuanto miserables humanos. El sujeto racional lo controla, pero otros no lo hacen, y se vuelve la vida un infierno. Pero lo racional incluye la duda, y el fascista no duda, tiene todo explicado y las ideas claras: somos la raza superior, el sistema político más avanzado, la religión más elevada. Los otros no son humanos y no tienen derechos.
Entonces, una de las características propias de un régimen fascista es el de no distinguir matices: o estás con nosotros o estás en contra nuestro. Es la lección número uno para eliminar al oponente y hacer claudicar al indeciso.
[work in progress]
Hay una enemistad entre Batman y Hal Jordan, en la cual no me voy a pronunciar.
Ahora, con respecto a quién es más fuerte entre Superman y Linterna Verde, dejo la imagen como muestra, después elaboro la idea.
https://youtu.be/FWixatZAFTg?si=qPlMERuaqx3K3iHd&t=919
Minuto 15:19: Iñaki espera que Milei recorte las jubilaciones de privilegio. Yo también.
Buenas, estoy dejando el link de las películas y series que he mirado.
La verdad es que me costó tener el link, no sé por qué no sabía cómo compartir este enlace de imdb.
Les dejo en forma de imagen mi opinión de una película excelente que decanta en pura bazofia.
Ríe, quizás consciente de que más que un título, lo que ha puesto a su ensayo es una provocación. '¿Negreros o docentes? La rebelión del 10'. ¿Negreros? Así se refiere a los profesores Yván Pozuelo Andrés, doctor en Historia, profesor de Francés en el IES de la Laboral, en un volumen que pretende ser una «reflexión» sobre el papel del profesorado. Presenta el libro mañana, a las 17 horas, en Toma 3.
-Su libro..., muy optimista no es (para él, evaluación equivale a exterminación, cree que en las aulas hay prácticas obsoletas y represivas, reniega de los libros de texto).
-Hay una parte de pesimismo y otra de optimismo. La de pesimismo ya la dejé atrás y ahora estoy muy a gusto en las aulas, desde que abandoné mi rol de justiciero. Pensaba que era profesor para dar clase y me di cuenta de que lo que estaba haciendo era seleccionando a gente.
-¿Rol de justiciero? ¿Tal cual?
-Sí, sí, tal cual. Es que vi muchas películas de esclavos pequeño, a los esclavos les decían 'tú vales, tú no...' Y me encontré con que me habían abocado a hacer eso. Yo no llegué a la enseñanza para decirle a nadie que tenga entre 12 y 18 años si vale o no vale para lo que quiere hacer.
-Habla de selección. ¿Eso es lo que cree que hace el profesorado?
-Sí. Lo escondemos detrás de una máscara de objetividad, pero es así. Es un libro para la reflexión, para mostrar a los profesores que se sienten así que, abandonando ese rol de la evaluación, también se pueden dar clases. Hay que eliminar la creencia de que un alumno que no saca buenas notas no llegará a ser buen médico. Tenemos obsesión y hemos convertido la enseñanza general en una enseñanza profesional para médicos, ingenieros y profesores. Hemos pasado de la letra con sangre entra a la letra con nota entra.
-La ley obliga a evaluar y hacerlo con calificaciones numéricas.
-Sé que no voy a cambiar la ley, que me obliga a evaluar. Pero el 10 está dentro de la ley y se lo pongo a todos. Les da confianza. Aunque no a todos les gusta. ¿Qué respeto le tenemos al 10?
-¿A qué se refiere?
-Primero, no se pone porque el alumno no puede saber más que el profesor. Y después, porque no puede haber tanto bueno. Jolín, pues vaya sociedad que vamos a montar... A mis alumnos les digo que un 10 en Matemáticas no les hace matemáticos. Así que tranquilidad.
-Dice que los docentes «somos más importantes que los pilotos de avión, porque podemos estrellar cada año a muchos niños».
-Es una enorme responsabilidad. Somos realmente importantes, lo que decimos a un alumno o una familia puede ser determinante para su futuro. Les frustramos y yo no estoy aquí para frustrar a nadie.
#diariodeunseparado 01: cuando me preguntan cómo hice para sobreponerme les trato de hablar de La leyenda de Korra, pero no todo el mundo me cacha la referencia. Así que cambio de tema y digo que si tengo que pensar qué pude hacer que me sirviera para mi salud y mi apariencia, para reforzar mis vínculos y también para estar mejor de ánimo, la respuesta es el ejercicio. Gracias al ejercicio empecé a acomodar muchas cosas en mi vida, y creo que es una ayuda para cuerpo, mente y espíritu. Espero poder más detalles en un futuro, pero en principio dejo de trailer un montón de hashtags:
#calistenia #hybridcalisthenics #workout #keto #familyworkout #intermittentfasting #ayunointermitente #cetogenica #dietacetogenica #hiit
Ya van a cumplirse seis meses de separación, si no lo dejo asentado en las redes siento que escondo algo. Y ya sé que las redes sociales no son el reflejo de la realidad, ni mucho menos, pero sí son mi contacto con mucha gente con la que no puedo tener todo el contacto que quisiera.
En estos meses he tenido que reconstruir muchos elementos de mi vida. Lo hice como pude, viviendo cada día tratando de sobrellevar este mundo, esta situación histórica tan particular.
Veremos qué depara el futuro.
Y es así como inauguro mi #diariodeunseparado para ver si organizo mi mente a través de la escritura.
El libro gira en torno a la ruptura, es palpable la huella fresca, palpables la frustración y el dolor también.
Entonces hay un pasado reverberante, hay un presente donde la herida aún está visible, pero está también la esperanza del futuro, un germen sobre el cual trabajar.
Lo que potencia este trabajo sobre el sentido y sobre la palabra es el trabajo sobre el ritmo. Un ritmo que muchas veces se lanza y otras se contiene, pero que siempre está acomodado a transmitir el sentido de las imágenes de cada poema. El ritmo que vertebra los poemas sostiene las sensaciones y todo tipo de sentires. Transmuta la cadencia de los versos y tenemos un nuevo sentir, pasamos de una sensación de desamparo a una nueva de lucha, de restablecimiento.
El libro tiene un plus si se está pasando por una situación similar, y es sabido que el desamor tiene su propio regodeo en volver a la miseria.
Por lo que tengo entendido en breve sale una nueva edición, así que quienes quieran hacerse una copia van a poder cumplir su deseo.
"Love is kinda sweet" es el título que tiene la imagen de abajo.
Es de una peli de Netflix que me pareció excelente.
La vimos en familia y apenas terminamos de verla dije que es una peli que repetiría. Por ahora me contengo, para que al verla nuevamente me refresque lo más posible. Por ahora la sigo teniendo presente, la vi ya hace un par de meses.
No voy a explicar el contexto porque es spoiler. Es más, en este post no voy a poner el nombre de la peli porque, aunque en realidad la imagen no dice mucho, quiero que la gente que la mire cuando la recomiende de forma oficial la pueda ver sin demasiados elementos previos. En casa la vimos porque apareció, sin saber nada de ella, y es de lo mejor cuando no se tienen expectativas previas.
Hay un cuento de mi hija Alana que tiene como protagonista a un gato.
La historia es la siguiente: antes todos los animales eran libres. La vaca, el caballo, el perro: todos iban por ahí a sus anchas y no se juntaban con los seres humanos.
Pero, ¡ah! Una pareja humana va a tener un hijo y decide que necesita ayuda.
Uno por uno, empiezan a sobornar a todos los animales. «Te daremos lumbre y comida a cambio de lana», le dicen a la oveja. «Podrás comer toda la hierba fresca que quieras si nos das tu leche», prometen a la vaca.
Todos caen como chorlitos, menos el gato. Con cada exhibición de poder humano, él sonríe y dice:
«Ser libre es mejor».
Un día, el gato va a pedir leche, pero la mujer le dice que no. «Solo los domesticados».
Al gato se la refanfinfla:
Y se marchó el gato, y anduvo vagando
Sin miedo a la noche ni al frío,
Por llanos, montañas y bosques, maullando:
«Ser libre es mejor… ¡Y es lo mío!»
Todo cambia cuando nace el niño. Resulta que le fascina el gato (doy fe: mi hija Alana le dice «te quiero» a nuestras gatas unas diez veces al día), así que hacen una especie de trato liberal:
El gato va de vez en cuando y juega con el niño. Caza los ratones de la cueva. A cambio, recibe lumbre y leche.
Peeero… sigue siendo libre. Con lo bueno y lo malo.
Me encanta ese cuento. Cada vez que el gato dice «ser libre es mejor», me entran ganas de aplaudir.
Mejor no es más fácil ni más cómodo. No todos quieren ser como el gato. Hay quien prefiere cerrar un trato más estable como el de la oveja, la vaca y demás.
Pero si eres gato, entonces caminas por ahí sin temer a la noche ni al frío, sabiendo que podrías tener lumbre todos los días si cedieras ciertas partes de ti…
… Pero que ser libre es mejor.
Fuente. (la tipa dice que tiene la newsletter más entretenida de Internet y le doy la razón)
Bueno, como síntesis a mí la vida no me ha cambiado mucho, francamente. A ver si logro hacer una recapitulación en un orden medianamente cronológico.
Tiro una lista de temas que espero poder desarrollar.
Creo que en casa tuvimos mucha suerte, no necesitar nada excepto las salidas de compras al supermercado ya era un privilegio, y se sumó que las refacciones que hicimos en la casa se fueron terminando (al menos en lo más importante) antes de que comenzara la cuarentena estricta. Sobre todo el hecho de que ampliamos la cocina y tuvimos la suerte de que la mayoría de los detalles estuvieran terminados para antes del aislamiento.
Supongo que esto es algo que va a tener su propio post, pero en síntesis tengo que destacar que mientras que otras personas se quejaban de no tener cosas que hacer en la cuarentena, acá Mariela nos tenía trabajando duro. Creo que en mi vida no he agarrado tanto la pala como estos últimos meses. Y fue un elemento entretenido y de trabajo familiar.
Mirando para atrás era muy iluso que mi cumpleaños (21 de abril, cumplí 41) se pudiera festejar "normalmente", pero la pasé genial porque tuve torta apenas quise comerla, nada de esperar a que lleguen les invitades y cosas así.
Tuvimos la suerte de que justo se habilitaron las reuniones de hasta diez personas para el cumple de Julia (20 de junio, cumplió 17), vinieron, creo, unas cuatro personas, así que nos sobraron dos lugares.
Y para el cumple de Facu (21 de julio, cumplió 10) hicimos el festejo con un par de amigos del barrio en el Parque Garay (gran ventaja tenerlo a pocas cuadras). Así que los cumpleaños los pasamos re bien, no sé cómo habrán sido los de otras personas en función a los aislamientos y demases.
También hay que destacar que en las refacciones Julia no tenía pieza, dormía en la cucheta de arriba con Facu, y la pieza se pudo terminar hace un par de semanas, para que disfrute ahora que parece que se puede venir un nueva etapa de reclusión.
Mientras tanto, muchas series, películas, y juegos de mesa. Aunque tengo que decir que los juegos de mesa, aunque no decreció la cantidad de partidas, tampoco aumentó.
Abajo dejo una imagen de cosas que nos entretuvieron (y nos entretienen) en este momento de reclusión.
Ah! Facundo aprendió a andar en bici. Bueh, está aprendiendo, pero le va muy bien. :)