23 nov. 2011

El beso. (cuento)


¿Sabría alguno de ellos que ésa era su última cena todos juntos?
El maestro cenaba con sus doce escogidos.
Fue entonces que el discípulo amado le preguntó quién le iba a fallar esa noche.
-Aquél que se sirva después de mí- respondió Jesús. Y se sirvió del cuenco recién llegado. Y luego se sirvió uno de los Judas. Y luego Pedro. Después Santiago tomó el recipiente, se sirvió y lo pasó a Mateo, que después de servirse se lo alcanzó a Juan, y así todos se sirvieron de ese plato, uno tras otro.
El discípulo preferido apenas pudo contenerse. Se mordía para no gritarles. Pero hacía tiempo que era seguidor del maestro. Conocía sobre cómo llevar la carga en tiempos de tribulación, así que se contuvo de recriminar a los demás su debilidad.
–Está dicho en las escrituras– lo consoló Jesús– “Heriré al pastor y se dispersará el rebaño”.
Al escuchar esto el discípulo se levantó, enérgico. Los demás apóstoles estaban un poco alejados del par, ya que sabían que ellos dos preferían charlar cómodos. Pero ante el brusco movimiento todas las miradas estaban atentas.
–Yo no me escandalizaré. –le dijo –Lucharé si es necesario. No es el tiempo de predicar la mansedumbre. Tú lo dijiste, has venido a traer el fuego al mundo, a enfrentar hermano contra hermano, hasta que venga a nosotros tu reino.
–Eso dije. Pero he reflexionado desde mi entrenamiento en el desierto, y últimamente estuve meditando sobre cómo el nuevo reino debe estar fundado en el amor, no en la guerra. Además, aparte de mí eres el único que sabe combatir. Sólo contamos con dos espadas, sabes que los demás son pescadores, no guerreros.
–Con mi espada bastará –le replicó, con humildad pero con decisión, mientras se colgaba el arma a la cintura.
Jesús lo miró con resignación.Sabía que su discípulo era un soldado, y que le era difícil anular su naturaleza.
Pedro, para no ser menos que el otro discípulo, hizo lo mismo con la espada de Jesús.
Luego partieron hacia el monte de los Olivos para orar, como solían hacer con frecuencia.

* * *


–Te digo que fue una suerte haber sobrevivido. Pura suerte, yo no tuve nada que ver.
El hombre hizo una pausa para beber. Delgados hilos de vino corrían por los costados de su barba, pero no parecía notarlos. Después del abundante trago temblaba menos, y reinició su relato.
–En un principio iba a ser una tarea simple,el procedimiento usual con los falsos profetas.Capturarlo sin derramamiento de sangre. Y después de pasarlos por el gato de siete colas todos olvidaban sus amenazas de un nuevo reino.
Sí, en Jerusalén no hizo muchos prodigios. También está el hecho de proclamarse rey siendo hijo de carpintero... pero te digo, escuché que con un milagro alimentó a cientos. También escuché sobre sus enseñanzas, que predicaba el perdón antes que la venganza, y yo mismo noté algo nuevo en todo esto.
Pero como decía, sólo fuimos los treinta de la Guardia de Plata, con nosotros iba a ser  suficiente. Bueno, eso nos dijeron. Tengo que admitirte que desde el principio no fuimos sutiles. Era una misión de rutina, así que llevábamos antorchas. El jefe estaba de espaldas, como en actitud de oración. El resto estaba más alejado, casi todos durmiendo.Excepto él. Él estaba montando guardia tranquilo, como esperándonos. Apenas lo vi sentí un ardor en el corazón, pero mis ojos no lo reconocieron. Era casi una estatua, velaba el sueño de sus compañeros y la reflexión de su maestro.
Entonces uno de los sacerdotes se adelantó y dijo que buscaban a Jesús el Nazareno.
Pero él nos dijo que no molestáramos al maestro, que estaba orando.
El insensato de Tobías me perforó un tímpano con su grito de "Falso profeta", y le arrojó su lanza al Nazareno.
Y ése fue el principio del fin.
Todo sucedió muy rápido. Tanto que dos compañeros cayeron antes de que yo entendiera plenamente. Tobías fue el primero en morir, y yo descubrí que quien montaba guardia no era otro que Judas el Sicario. Sí, nuestro antiguo comandante, héroe en muchas batallas. Frenó la lanza dirigida a Jesús con una sola mano, y aprovechando el impulso la devolvió como relámpago. Pobre Tobías, no alcanzó a reaccionar y de repente estaba sujeto al piso con su propia lanza en el cuello. La fuerza y velocidad del comandante no habían disminuído. Decían que había dejado a los zelotes para retirarse al desierto con los esenios, pero yo veía al soldado de siempre. Varios atacaron a la vez, y fueron los primeros en morir. Muchos intentaron rodearlo, y apareció la sica de la que tomaba su apodo. Y el pequeño cuchillo también cobró víctimas, no sólo la espada. Quienes trataron de rodearlo (y quedaban vivos) comenzaron a retroceder.Otros fueron más inteligentes y huyeron, quizás porque conocían la fama del zelote asesino.
Yo también estaba por huir, cuando el Maestro habló. “Yo soy Jesús, al que buscan”. Sé que es difícil de creer, pero un nuevo miedo se apoderó de mí. Antes mi vida estuvo en peligro, pero ahora escuchaba hablar a un ser superior, un ángel o un profeta de Dios. Este Jesús miró con tranquilidad a los sacerdotes, y les dijo: “¿Acaso soy un ladrón, para que vengan a mí con espadas y palos? Otros días estuve enseñando en el templo y no me arrestaron, pero ésta es vuestra hora, y del poder de las tinieblas.” Y se dirigió a Judas: “No apartaré mis labios de este cáliz, por amargo que sea.”
El guardia bebió otro largo trago, y prosiguió:
–Por un momento noté el debate interno en Judas, era casi palpable. Hasta que dejó caer las armas, se acercó a Jesús y depositó un beso en su mejilla, diciendo “Que se haga tu voluntad, señor, y no la mía. El espíritu está dispuesto”.  Jesús  respondió “Con un beso te entregas a la voluntad de tu Maestro, por tu mansedumbre heredarás el reino de los cielos.” Y ninguno dijo más. Entonces fue como si todos hubiéramos despertado. El lugar se volvió más oscuro y frío, y vimos delante de nosotros dos hombres que teníamos que capturar, así que eso hicimos.

* * *
Los dos condenados a muerte se conocían, pero eso no les hacía más llevadera la sentencia. El autoproclamado Rey de Israel (según el cartel de su condena) era el que más sufría, clavado a su cruz. El malhechor a su derecha estaba atado con gruesas sogas, en pies, manos y cintura, y tenía también un ajustado lazo al cuello. Durante varias horas estuvo insultando a su compañero. Le decía que bajara de la cruz, o que lo salvara como había salvado a otros. Pero sólo obtuvo silencio por respuesta, y finalmente había callado. Ahora miró con ojos avergonzados a su agonizante compañero y le dijo:
–Yo he sido un criminal, y merezco este castigo. En cambio tú nos enseñaste, eres la luz que no se debe esconder, la luz del mundo. Te pido perdón por estos últimos momentos de duda. El espíritu está dispuesto, pero la carne fue débil.
–Yo te aseguro –Jesús le dijo mientras miraba por última vez a su discípulo amado, Judas el Sicario –que esta noche estarás conmigo en el paraíso.
Ambos murieron casi al mismo tiempo.
* * *

Nadie sabe que la historia fue mal contada
y que el beso de la muerte
fue por amor / fue por amor! / fue por amor!
“30 denarios”

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