19 sep. 2011

Último recorrido.



Era otra persona ahora, no por voluntad propia sino por herencia.
"Los pecados de los padres..."
Miraba los cepillos de dientes y sabía que se tenía que ir.
Se llevó sólo el cepillo, se compraría otro enjuague bucal y otra pasta.

Recordó la compra de los portacepillos que hizo con su esposa. Con su amada esposa, ahora a punto de ser una esposa abandonada.
Si se le ocurriera una manera de fingir su muerte... pero él no tenía ni la imaginación ni el tiempo para esos planes.
Suicidarse era una solución que consideró. Pero no le parecía un acto decente, dejar la sangre y el cadáver para que los otros tengan que arreglar el problema que en realidad es suyo, no señor. Huir no es correcto, pero parece ser el peor de los males.
No sabe si dejar una nota, no sabría qué decir. "Me tengo que ir porque soy un monstruo" quizás lo explicaría todo, pero al mismo tiempo no explicaría nada y menos de todo lo realmente importante.
Garabateó un "Me tengo que ir, pero los amo", arrugó el papel y estuvo a punto de tirarlo, pero algo les tenía que decir, así que desenrolló el papel y lo dejó de nuevo sobre la mesa del comedor.

Cerró la puerta con llave, fue hasta la esquina y dejó caer en la boca de tormenta la llave, para no poder volver con ninguna excusa. Desde la terraza del vecino, el gato fue el único testigo de la huida.

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